Llega la contradicción: llega el orgasmo y es que el encuentro erótico, que debería no concluir nunca, tendrá que concluir necesariamente (lo que no es salir, sino encallarse).
Mi deseo no avanza más.
Ya no puede seguir, abandona, deja ir.
El otro me falta, pero con ello nada me deshabita.
La carne se retrae.
Pasado de repetición o pasado perimido, encallamiento (fracaso).
El orgasmo no es cumbre (de la cual se baja por niveles) sino acantilado (desemboca en el vacío).
¿Qué desaparece? ¿Pero me falta algo?
Ninguna cosa me falta, los dos nos encontramos como antes.
El mundo reaparace, como antes. ¿Qué desaparece? ¿Qué oculta esta RE-aparición?
Antes de la re-aparición se daba una reducción erótica en la cual recibía mi carne de la ajena y le daba al otro la suya.
El orgasmo hace desaparecer la carne y somos expulsados del "estado" de la reducción erótica, vuelven nuestros cuerpos físicos.
El mundo se re-apodera de nosotros, nos pone su uniforme y nos viste de piel.
Nos vestimos.
Nos avergonzamos.
Nos ocultamos.
Nos hemos convertido en cuerpos a pesar de nosotros.
Nos cubrimos, no queremos que perciban (ni percibir) la desaparición de nuestra carne.
Se ha perdido el acceso a otra carne.
Experimentar la no-resistencia de quien (se) siente sintiéndo(se).
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